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welcome

Cada uno posee el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa..

to T

Estuvimos muchas noches charlando sobre trivialidades, tendencias espirituales, anécdotas, riendo por nimiedades, llorando penas añejas. Mirábamos las luces del edificio de enfrente mientras tú, intentabas mirarme entre las sombras. Leímos juntos, tomamos muchos cafés en esa escalera del 'break', cocinamos huevos, queso y champiñones, tomamos vodka, cerveza sin filtrar y una vez un dissarono. Caminamos mucho, con frío, calor, enojados, riendo hasta que el abdomen nos dolió. Me diste un número considerable de Milkyways y nos enamoramos de la "Wain" casi a primera vista. Dormimos mucho, descansamos otro tanto. Peleamos bastante, nos entendimos demasiado. Aprendimos a reconocer el olor, los pasos, los gestos, ruidos, mañas del otro. Nos hicimos cómplices, confidentes, compañeros, consejeros, oídos para el otro. Somos una buena mezcla, pero como te enseñé, no es lo mismo mezclar que revolver, porque para que una mezcla perdure realmente debe llegar a revolverse por completo, donde no se reconozcan a simple vista los ingredientes, sino que el gusto sea quien distinga sus componentes. Para eso se necesita la voluntad y temple de ambos, y una vez me enseñaron que basta con que uno de los dos no lo desee para que todo termine ahí, donde ni siquiera pudo comenzar.

Entiende..

No me enoja, me duele. No te odio, pero me decepcionas. No dudo de ti, pero, ¿cómo confiar?, si siempre me fallas.

Momento Servilleta

Regalo. Pensé varias semanas antes en algo práctico, estiloso y que encajara en el personaje. Regalo. La idea se vino de pronto vívida y algo loca. Porqué no? Escribí en una servilleta las tres palabras mágicas y las guardé en mi bolsillo. Esperé que durante el día el momento "indicado" llegara. Por enécima vez algo falló. No existió momento preciso, simplemente no hubo ni un segundo de conexion. Caminé sola varios minutos por Apoquindo, entre jóvenes riendo y parejas regalonas, hasta que meti mi mano en el bolsillo y encontré la servilleta rayada. La abrí, la leí, quise llorar pero el miedo de estar a altas horas de la noche sola me contuvo. Era la segunda vez que haría esa pregunta, pero esta vez el final fue otro. Crucé la calle, detuve un taxi y me fui a dormir.

Espera (No pienses)

Me quedo callada, doy la espalda y me trago la pena y las lágrimas que provoca la decepción de la eterna esperanza destruida.
Probablemente pasen días antes que el maldito teléfono suene, que haya un mensaje o alguna señal de vida. Tal vez no pase jamás.
Pienso por enécima vez (y lo reprimo) Duermo, rio, lloro un rato a solas, y aunque parezca una rareza, espero.
Y sigo esperando.