Me concentré en el sonido del agua burbujeante para pensar en menos cosas según pasaba el tiempo. Hundía mi cabeza de vez en cuando para apaciguar el dolor de mis ojos hinchados. Su presencia silenciosa recordaba tiempos un poco ajenos, pero siempre necesarios de evocar.
Traté enécimas oportunidades recuperar mi aparato móvil sin el más mínimo resultado, por lo que mi terapia se hacía más y más angustiante a cada minuto. Sabía que necesitaba esa pausa, lo veía venir constantemente los últimos meses y, aún sabiendo las consecuencias, opté por quedarme y esperar.
Pasaron horas, muchas horas. Dejé de llorar, de rezongar, de odiar, de golpear todo a mi paso y caí en un sueño profundamente reponedor mientras él, paternal y paciente, me recorría la cabeza con sus dedos.
Así estuve minutos, horas, días, sin saber exactamente que rumbo debía seguir. Simplemente sufrí, grité, y sobreviví un silencio que pareció eterno y que sin percatarme me ayudó a recuperar, una vez más, ese corazón desesperanzado, herido, traicionado.
Tedio
to T
Estuvimos muchas noches charlando sobre trivialidades, tendencias espirituales, anécdotas, riendo por nimiedades, llorando penas añejas. Mirábamos las luces del edificio de enfrente mientras tú, intentabas mirarme entre las sombras. Leímos juntos, tomamos muchos cafés en esa escalera del 'break', cocinamos huevos, queso y champiñones, tomamos vodka, cerveza sin filtrar y una vez un dissarono. Caminamos mucho, con frío, calor, enojados, riendo hasta que el abdomen nos dolió. Me diste un número considerable de Milkyways y nos enamoramos de la "Wain" casi a primera vista. Dormimos mucho, descansamos otro tanto. Peleamos bastante, nos entendimos demasiado. Aprendimos a reconocer el olor, los pasos, los gestos, ruidos, mañas del otro. Nos hicimos cómplices, confidentes, compañeros, consejeros, oídos para el otro. Somos una buena mezcla, pero como te enseñé, no es lo mismo mezclar que revolver, porque para que una mezcla perdure realmente debe llegar a revolverse por completo, donde no se reconozcan a simple vista los ingredientes, sino que el gusto sea quien distinga sus componentes. Para eso se necesita la voluntad y temple de ambos, y una vez me enseñaron que basta con que uno de los dos no lo desee para que todo termine ahí, donde ni siquiera pudo comenzar.
Entiende..
No me enoja, me duele.
No te odio, pero me decepcionas.
No dudo de ti, pero, ¿cómo confiar?, si siempre me fallas.

