Miro por la ventana del carro casi sin ver. Recorro los diferentes rostros cansados, alegres e incluso molestos por el calor, la rutina, los gritos de ese maldito chiquillo llorón. De pronto mis ojos se clavan en esos ojos marrón inerte. Por un momento pensé en mi perfecto y malvado plan, pero todo se derrumbó cuando esos labios esbozaron una tímida, nerviosa y casi cálida sonrisa. Todo se vino abajo, dejando escombros en todos lados que hicieron imposible mi caminar para alcanzarlo. No me quedó más que retroceder una vez más, tratando de no tropezar con cada recuerdo tirado en el bagón. "Atención con el cierre de puertas" fue lo último que oí antes de caminar fuera. Un tipo me movío "detrás de la linea amarilla" mientras el carro se movía, y parada ahí yo parecía una completa mujer catatónica que no tenía idea que hacía, que esperaba, que rayos iba a seguir haciendo día a día sin esos ojos que en, algún momento, lo repletaron todo es su mundo.
Día D
Tan temprano como pude salí sin rumbo claro, mirando lentamente a la cuidad comenzar el penúltimo día de su año, caminé por calles ya recorridas, por lugares ya visitados. Llegué hasta la puerta de su casa, lo vi alistándose para salir. Como si una fuerza externa me manipulara los músculos, entré con total seguridad. Cuando me vio la reacción fue la que menos esperé. Un abrazo tan apretado como el nudo que llevaba en mi garganta, un beso almacenado precisamente para la ocasión, una charla prescisa pero aclaradora. Horas más tarde volví a recorrer las calles que durantes años aplanamos juntos, pero esta vez sola, alejada de todos los miedos y preguntas sin resolver, y ahora llena en cada tramo vacío que pudiese haber quedado. Las noches largas al fin terminaban, las esperas, el dolor, el celo de esos días tan míos que ya no lo serían más. Pero tranquila, resuelta, al fin completa y con la frente en alto, como me enseñó, como debía ser.
Respiro II
Me encaminé casi por inercia a una casa que no pisaba hace años, como si algo inexplicablemente me guiara, como si nunca hubiese dejado de hacer ese recorrido. A metros de llegar, el corazón me latía rápido, inconstante, abrumadoramente lleno de miles de sensaciones que necesitaba calmar. A penas toqué la campana comenzaron a moverse los engranajes que por años estuvieron dormidos. El olor de la casa evocó situaciones pasadas, melancólicas, algo triste tal ves. Todos se sorprendieron, pero nadie dijo nada. Después de los abrazos, me dejé absorver por ese sillón tan añejo como los recuerdos que conserva. Recordé el día que con desesperación llegó a esa casa desconocida sólo para compartir un rato conmigo, un momento cálido, que ese sillón atesoró para mi y me devolvía justo en el momento más indicado. De fondo oía los pájaros cantar, el agua de la tina corriendo, y un rico olor a comida casera.
Luego de un rato, las manos amorosas de la Joy me llevaban hacia una tina llena de espuma relajante, llena de cariño que parecía no caber en ese baño, con esas palabras pacificadoras, calmas, que me hicieron sentir un calor y paz interior absolutos.
Poco después descansaba en esa enorme cama llena de mujeres riendo solemnes, resguardándome de todo dolor, acunándome a un sueño que reparó las heridas abiertas por la fecha, que culminaron en un sueño profundo, dándome el respiro necesario, en ese lugar que dio paso al inicio de una historia que, poco a poco, se desvanece entre mi piel, mis llantos fugitivos, en mi memoria que ahora se niega a ser olvidadiza. Justo ese día, justo en el día que parecía ser más necesario que nunca en mi vida.
Respiro
Un respiro, un largo respiro era lo que necesitaba. Una desconexión total, un cable a tierra que me recordara las raices en las que fundé mi vida, mi caracter, mi entorno.
Caminé sin mayor prisa a mi primera escala, uno de mis oasis preferidos últimamente, encontrando allí esos ojos tristes acogedores y llenos de palabras alentadoras, abrazos apretados, besos tiernos. Ese lugar donde el tiempo parece detenerse trás charlas que casi nunca quieren terminar, donde la cama siempre me queda chica, donde siempre puedo dormir en paz y darme un respiro, un largo respiro.
