Me encaminé casi por inercia a una casa que no pisaba hace años, como si algo inexplicablemente me guiara, como si nunca hubiese dejado de hacer ese recorrido. A metros de llegar, el corazón me latía rápido, inconstante, abrumadoramente lleno de miles de sensaciones que necesitaba calmar. A penas toqué la campana comenzaron a moverse los engranajes que por años estuvieron dormidos. El olor de la casa evocó situaciones pasadas, melancólicas, algo triste tal ves. Todos se sorprendieron, pero nadie dijo nada. Después de los abrazos, me dejé absorver por ese sillón tan añejo como los recuerdos que conserva. Recordé el día que con desesperación llegó a esa casa desconocida sólo para compartir un rato conmigo, un momento cálido, que ese sillón atesoró para mi y me devolvía justo en el momento más indicado. De fondo oía los pájaros cantar, el agua de la tina corriendo, y un rico olor a comida casera.
Luego de un rato, las manos amorosas de la Joy me llevaban hacia una tina llena de espuma relajante, llena de cariño que parecía no caber en ese baño, con esas palabras pacificadoras, calmas, que me hicieron sentir un calor y paz interior absolutos.
Poco después descansaba en esa enorme cama llena de mujeres riendo solemnes, resguardándome de todo dolor, acunándome a un sueño que reparó las heridas abiertas por la fecha, que culminaron en un sueño profundo, dándome el respiro necesario, en ese lugar que dio paso al inicio de una historia que, poco a poco, se desvanece entre mi piel, mis llantos fugitivos, en mi memoria que ahora se niega a ser olvidadiza. Justo ese día, justo en el día que parecía ser más necesario que nunca en mi vida.
Respiro II
Respiro
Un respiro, un largo respiro era lo que necesitaba. Una desconexión total, un cable a tierra que me recordara las raices en las que fundé mi vida, mi caracter, mi entorno.
Caminé sin mayor prisa a mi primera escala, uno de mis oasis preferidos últimamente, encontrando allí esos ojos tristes acogedores y llenos de palabras alentadoras, abrazos apretados, besos tiernos. Ese lugar donde el tiempo parece detenerse trás charlas que casi nunca quieren terminar, donde la cama siempre me queda chica, donde siempre puedo dormir en paz y darme un respiro, un largo respiro.
Sueño.real
Desperté, te vi sentado en mi pouf naranjo (en tu honor) mirándome con esos ojos enamorados de siempre. Un calor rico recorrio mi ser, me sentí feliz, plena, casi desbordante de esa dicha que, a veces, siento tan esquiva. Con tus hermosas manos alrededor de tu cara, me mirabas en silencio, que jamás me pareció incómodo ni vacío. Estabas a punto de decirme algo cuando realmente desperté con el sonido de mi celular, un número desconocido llamaba y por inercia descolgué y luego del "hola" mi mundo se vino abajo. Esa voz baja y sensual me preguntaba a que hora iría a su encuentro. De golpe se fue el desánimo, el sueño, incluso la angustia.
Quizá al comienzo fue un sueño, pero horas más tarde era una realidad que me llenó el día, mostrando a través de mis ojos una extraña sensación de felicidad que, yo sé muy claramente, es sólo un sueño de un par de horas.
Diez minutos
Diez minutos, tres palabras, sus ojos casi ininterpretables, un saltito quizá, un día caluroso, una bolsa reciclable que va directo a la basura, yo misteriosamente calma, segura, casi completa.
Estábamos a treinta y cuatro centímetros, pero sentí que el paso del tiempo había corroído algo entre ese poco espacio.
Tres palabras, mi otra mitad diciéndolas, su voz pacificadora de siempre, sus dedos acariciando mi oreja, y parece que nada hubiese cambiado, parece que nada quisiera cambiar en esos, a penas, diez minutos.
